Últimamente parece normal encontrarse con niños de tres y cuatro años con un habla todavía incomprensible. Los fonemas o sonidos del habla están distorsionados, el vocabulario es muy reducido, repitiendo las mismas palabras para diferentes objetos y, en ocasiones, lo que practica el niño es un monólogo sin conexión con su interlocutor, un habla infantilizada como si se tratara de un bebé.
Las maestras del ciclo inicial comentan que cada vez los niños comienzan a hablar peor, es decir, se les entiende peor. Pero, ¿cómo puede ser esto?, ¿no estamos en una época donde tenemos todo tipo de material pedagógico para la estimulación del pequeño?, ¿qué está fallando?
Primero hemos de descartar niños con dificultades para la adquisición del habla adulta, es decir, aquellos con problemas auditivos donde la falta del feedbak necesario para la adquisición es la causa de este retraso. Otro grupo estaría formado por niños disfuncionales a nivel miofuncional, donde las estructuras encargadas del habla no están preparadas para esta función (hipotonía muscular, respiración oral, etc.). También quedarían aparte todos los trastornos donde el habla queda comprometida y, por tanto, su adquisición es muy complicada y comporta mucha dificultad.
NIÑOS SIN PROBLEMAS
Pero al grupo al que me estoy refiriendo y que es el motivo de este artículo, es precisamente aquel donde se han descartado todas las problemáticas expuestas anteriormente. Son niños sin problemas, aparentemente, para la adecuada adquisición del habla, pero que en ocasiones cumplidos los cinco años se les entiende con dificultad.
Ocurre entonces que algo en el proceso natural de la adquisición del habla está fallando. Pero, ¿de qué se trata? Me gustaría introducir aquí un concepto que completa la comprensión de este tema, es el de la estimulación, ya que considero que este término ha llevado a confusión a muchos padres y profesionales.
Cuando se estimula al bebé con muñecos, móviles, músicas y otros estímulos sensoriales y visuales para desarrollar todas sus capacidades, se trata de estímulos de los que dispone el pequeño para que, de una manera en muchas ocasiones solitaria, experimente y aprenda. Pero ante esta explosión de recursos pedagógicos, nos falta el recurso pedagógico más importante: la mamá y el papá.
El habla aparece ante la necesidad de comunicar algo, alguna necesidad, y para que esto funcione es imprescindible que exista “alguien” que escuche este primer mensaje y responda cubriendo la necesidad demandada.
Este es el comienzo que da significado a la comunicación, que establece las bases de coherencia entre hablar y la respuesta que se obtiene. Si cuando el bebé dice las primeras veces “mamá”, ésta aparece y sonríe dulcemente, el pequeño refuerza cada vez más esta forma de comunicarse con sus padres.
Las maestras del ciclo inicial comentan que cada vez los niños comienzan a hablar peor, es decir, se les entiende peor. Pero, ¿cómo puede ser esto?, ¿no estamos en una época donde tenemos todo tipo de material pedagógico para la estimulación del pequeño?, ¿qué está fallando?
Primero hemos de descartar niños con dificultades para la adquisición del habla adulta, es decir, aquellos con problemas auditivos donde la falta del feedbak necesario para la adquisición es la causa de este retraso. Otro grupo estaría formado por niños disfuncionales a nivel miofuncional, donde las estructuras encargadas del habla no están preparadas para esta función (hipotonía muscular, respiración oral, etc.). También quedarían aparte todos los trastornos donde el habla queda comprometida y, por tanto, su adquisición es muy complicada y comporta mucha dificultad.
NIÑOS SIN PROBLEMAS
Pero al grupo al que me estoy refiriendo y que es el motivo de este artículo, es precisamente aquel donde se han descartado todas las problemáticas expuestas anteriormente. Son niños sin problemas, aparentemente, para la adecuada adquisición del habla, pero que en ocasiones cumplidos los cinco años se les entiende con dificultad.
Ocurre entonces que algo en el proceso natural de la adquisición del habla está fallando. Pero, ¿de qué se trata? Me gustaría introducir aquí un concepto que completa la comprensión de este tema, es el de la estimulación, ya que considero que este término ha llevado a confusión a muchos padres y profesionales.
Cuando se estimula al bebé con muñecos, móviles, músicas y otros estímulos sensoriales y visuales para desarrollar todas sus capacidades, se trata de estímulos de los que dispone el pequeño para que, de una manera en muchas ocasiones solitaria, experimente y aprenda. Pero ante esta explosión de recursos pedagógicos, nos falta el recurso pedagógico más importante: la mamá y el papá.
El habla aparece ante la necesidad de comunicar algo, alguna necesidad, y para que esto funcione es imprescindible que exista “alguien” que escuche este primer mensaje y responda cubriendo la necesidad demandada.
Este es el comienzo que da significado a la comunicación, que establece las bases de coherencia entre hablar y la respuesta que se obtiene. Si cuando el bebé dice las primeras veces “mamá”, ésta aparece y sonríe dulcemente, el pequeño refuerza cada vez más esta forma de comunicarse con sus padres.
PADRES, MODELO DE COMUNICACIÓN
Los padres son los verdaderos estimuladores del habla del niño. Son los que le dan el modelo en cada momento, cuando se dirigen al pequeño, son los que con sus gestos, sonrisas y guiños dirigidos hacia su hijo, provocan en éste un enorme deseo para comunicarse con ellos. Son los que miran cuando su hijo intenta decir las primeras palabras y las conectan con su significado, son los que aplauden cuando el niño dice sus primeras palabras: ”mamá” o “leche”, son los que preguntan al niño dándole todo el protagonismo para que responda, son los que le cantan cancioncillas cortas y repetitivas que el niño enseguida sigue con su voz.
Son, en definitiva, los que poseen el verdadero poder de la estimulación del habla, el lenguaje y la comunicación de sus hijos.
UNA TAREA AFECTIVA
Todos los padres poseen en mayor o menor medida el poder de estimular a sus hijos, pero quizás no todos son conscientes de la importancia del mismo. Lo natural, que ha sido siempre el contacto, la comunicación oral, las palmitas, las canciones infantiles, se ha ido perdiendo, delegando a otros espacios como la guardería la responsabilidad de casi todo este trabajo que más que de profesionales es responsabilidad de los padres y, más que efectivo, debe ser afectivo.
No podemos acabar sin mencionar que toda esa estimulación y/o aprendizaje tiene su clave en el afecto, éste se origina a partir de los vínculos que establecen los padres con los pequeños. El vínculo afectivo continuado con el niño hará posible este deseo de comunicarse y por tanto, de utilizar el lenguaje de los adultos para hacerse entender y decir que él también existe y tiene necesidades.
¿CÓMO ESTIMULAR A TUS HIJOS?
- Adecuar el lenguaje al nivel del niño, utilizando palabras más cortas, sencillas, frases simples, mensajes claros.
- No utilizar términos que el niño articula incorrectamente, llevándolo a un lenguaje de bebé que nadie comprende.
- Cantar canciones sencillas con estructuras repetidas para ayudar al niño a memorizar mediante el ritmo la forma de palabras y frases.
- Contar cuentos, historias o anécdotas que acerquen al pequeño a la vida social mediante el lenguaje.
- Jugar con los niños y no dejar que consuman mucho tiempo de juego solitario.
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