Venimos al logopeda porque estamos afónicos, la garganta nos duele, nos quedamos sin voz. El terapeuta nos propone empezar tratamiento fijándonos en los pies. ¿Estoy en el logopeda o en el podólogo? Que reine la calma: estás en el lugar correcto y todo tiene una explicación. Efectivamente, los pies, como parte del cuerpo, también tienen algo que decir en tu disfonía. Como bien es sabido, la voz se produce en la laringe, dónde se encuentran las cuerdas vocales. Éstas, mediante la presión del aire que sube de los pulmones, se cierran y ondulan, produciendo así sonido. Este sonido fundamental, de muy baja intensidad, es amplificado mediante las cavidades de resonancia en su salida hacia el exterior del cuerpo. Este proceso, si bien es el punto de origen de la voz, no deja de ser más que una pequeña parte del resultado final, ya que hay otros muchos factores que intervienen en cómo es una voz. Factores que intervienen La gestión de la respiración, el estado de tensión/distensión, e incluso la forma de ser y el estado anímico de la persona, son aspectos que modifican la producción de la voz, cómo suena. El terapeuta incidirá en éstos aspectos y sugerirá estrategias para que no interfieran en ella, y así, podamos sacar el mayor provecho de nuestras posibilidades vocales. Si bien muchos de los ejercicios que se nos proponen entran dentro de las expectativas del paciente, otros parecen desconcertantes. Resulta llamativo que para mejorar la proyección de nuestra voz, la eficacia de ésta, el terapeuta incida en la necesidad de adquirir un buen contacto de los pies con el suelo; notar el peso del cuerpo homogéneamente repartido por toda la planta del pié; relajar la articulación de las rodillas; favorecer la rotación pélvica; así como evitar que ésta bascule y un largo etcétera. La voz se produce en un cuerpo Una vez localizado el mecanismo que da origen al sonido, es necesario recordar que la laringe no está sola, ajena a su entorno anatómico y funcional. En efecto, el cuerpo no se puede entender como estructuras independientes, sino un sistema complejo en el que los distintos sistemas contribuyen a las funciones del organismo en su conjunto. Así mismo, la laringe forma parte de un sistema –fonador, respiratorio, valvular-, todo un entramado nervioso, muscular y articulatorio, en el que están concernidas tanto las estructuras más inmediatas como las más periféricas. Se habla del cuerpo como una cadena muscular. De modo que cada músculo, de estar alterado su estado, modificará a su vez el estado del músculo colindante, y así sucesivamente. Esta cadena muscular, en tanto que es un cuerpo que se mueve, camina, se sienta, es decir, una persona que se relaciona en el espacio, está en constante búsqueda de equilibrio. De modo que si tenemos músculos sobrecargados (hipertónicos), o flácidos (hipotónicos), la cadena en su conjunto tiende a buscar compensaciones para reestablecer el equilibrio postural. Las compensaciones que se producen se traducen en que, por ejemplo, cada cierto tiempo tengamos que acudir al fisioterapeuta, a que nos “deshaga las contracturas”. Esas contracturas que, probablemente, sean las causantes de los pequeños dolores de cabeza que tenemos desde hace un tiempo. Todo este mapa muscular, ¿en qué afecta a la voz? Los desequilibrios generados allá donde fuere, de una manera u otra interfieren en el equilibrio del sistema fonador, ya que, como hemos dicho anteriormente, forma parte del cuerpo y su entramado. Toda la musculatura de la cintura escapular, la lengua y La calidad de nuestra voz y el sobreesfuerzo. Mientras hablamos, cantamos, o realizamos cualquier acto de fonación, adoptamos una postura que configura no sólo una imagen de nosotros mismos, sino también la calidad de nuestra voz. Siempre nos han dicho que debemos ponernos “rectos” para hablar, o para cantar. ¿Por qué? ¿Sólo por estética? ¿Por lenguaje corporal? No, también por economía de esfuerzo. Pongamos un ejemplo. Si nos encorvamos, no sólo estamos trasmitiendo una imagen cansada, de miedo, de necesidad de protección, sino que a nivel muscular y estructural, estamos desequilibrando un sistema. Éste, mediante compensaciones, busca emitir una “buena voz”, es decir, la voz que queremos, la nuestra. De modo que la laringe ha de trabajar en un entorno que le desestabiliza. Ello implica que emitirá voz con un esfuerzo extra: sobreesfuerzo. Inevitablemente, el sobreesfuerzo instaura a corto o largo plazo alguna alteración de la voz, a nivel funcional o incluso también a nivel orgánico. Encontramos así una relación directa entre el desequilibrio corporal y la producción de la voz y sus alteraciones. El mismo proceso se desencadena con alteraciones posturales más sutiles, como por ejemplo, una alteración estructural como puede ser una escoliosis, una descentralización del peso corporal, una hiperextensión de las rodillas, una tendencia a vascular la pelvis hacia un lado, etc. Muchas personas que se dedican a hablar durante horas (formadores, comerciales, abogados, administrativos, etc.), se sitúan delante del auditorio, en postura erguida, y a medida que trascurre el tiempo, trasladan el peso del cuerpo: primero al pie derecho, luego al izquierdo, y así sucesivamente. En este balanceo, el cuerpo va manteniendo su equilibrio basal mediante las compensaciones musculares consabidas y, en la cúpula, el final del engranaje, la voz emerge. La persona intenta que ésta se mantenga igual de eficaz durante toda la charla, a pesar de que, probablemente, desde hace ya unos minutos, le duele la espalda, le molesta el cuello, y nota un nudo en la garganta. Es posible que acabe extenuado de la charla, con la voz agotada. Y así, también es posible que el origen de su disfonía no se encuentre en alguna lesión orgánica, sino que todo provenga de la postura que tiende a reproducir cada vez que debe hablar. No nos extrañe pues, que el logopeda nos sugiera cambiar de zapatos para acabar con el sobreesfuerzo vocal. |
ISEP CLINIC ALMERÍA
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C. Navarro Darax, 13, 1-1
04003 Almería
Tlf. 950261855
e-mail: juangarciapsicologo@gmail.com
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miércoles, 23 de febrero de 2011
La voz y su cuerpo: un equilibrio
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